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David había decidido que esa misma noche le diría a Tea lo de la separación. No soportaba más las discusiones con ella cada noche. Aunque esto usualmente sucedía después de que acostaban a su hija, ella estaba creciendo y no pasarían muchos años antes de que fuera lo suficientemente consciente para darse cuenta de las peleas de sus padres. Él había pasado por esta situación de niño, y recordando lo mucho que sufrió, no deseaba hacer pasar a West por lo mismo.
Al llegar a casa se sorprendió de encontrar a Tea en el sillón de la sala, como si hubiera estado esperándolo. Mejor así – pensó David - De esta manera le haría saber su decisión más rápido, aunque no por eso sería menos doloroso.
- Hola David – Tea se le acercó sonriendo e intentó darle un beso, pero David lo esquivó - ¿Qué te ocurre? – le preguntó ella alejándose.
- Ven, sentémonos. Tengo algo importante que decirte - le dijo seriamente, llevándola de la mano hasta el sillón, donde se sentaron.
- Yo también tengo algo que decirte, Dave –
- Entonces dímelo tú primero – cedió David, esperando escuchar cualquier cosa, menos la noticia que Tea le dio.
- Estoy embarazada – Ella sonrió y lo miró expectante. David se tardó en reaccionar. Por un instante pensó que ella estaba poniéndolo a prueba, pero al darse cuenta que esta no era la situación, su primera respuesta fue de negación.
- ¿Qué? No… ¿Cómo que estás embarazada? – Sonó frío al preguntárselo y de inmediato Tea perdió la sonrisa.
- Hoy día fui al doctor y me dijo que tenía tres semanas de embarazo –
- Entonces, ¿Lo sospechabas desde hace un tiempo y no me dijiste nada? – la acusó David tratando de contener la rabia. Esto no era algo que ella hubiera buscado a propósito, razón por la cual él no tenía derecho a molestarse.
- No quería decírtelo hasta estar segura ¿Acaso hice algo malo, David? – le preguntó ella mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, con la oculta intención de provocarlo. Ella conocía perfectamente la razón por la que él estaba reaccionando de esa manera, pero quería saber si él era capaz de decírselo en ese momento. David al ver que su mujer estaba a punto de ponerse a llorar, se disfrazó de calma.
- No, está bien… No hiciste nada malo. Vamos a estar bien– La abrazó tratando de confortarla.
- ¿Lo dices en serio, David? – le preguntó Tea aferrándosele fuertemente. David cerró los ojos, dejando salir las lágrimas, y después se separó unos centímetros de Tea. Besó su frente y sus labios, saboreando sus lágrimas.
- Lo digo muy en serio. Vamos a estar bien – Él le sonrió. Esta promesa le dolió en alma, pero no existía otra opción en ese momento. No era capaz de dejarla sola cargando en su vientre a un hijo suyo.
El celular de David sonó sobresaltando a ambos.
- Lo siento – le dijo a Tea sacando el celular del bolsillo de su pantalón. Vio el anuncio de número privado en la pantalla y dudó en contestar.
- ¿No vas a contestar? – le preguntó Tea, sonando levemente desafiante. David la miró, luego dirigió su vista al celular que dio un último timbrazo y finalmente volvió a guardarlo en su bolsillo.
No podía hablar con Gillian en ese momento.
David volvió a abrazar a su mujer mientras la escuchaba hablarle del bebé, del sexo que le gustaría que fuera, y si se imaginaba a un niño corriendo por la casa. Él realmente no le estaba prestando atención y sólo le respondía con leves movimientos de cabeza o monosílabos. Su mente no estaba en ese lugar, sino a miles de kilómetros de distancia. Pensaba en lo confundida que debía sentirse Gillian por no contestar su llamada, pero ¿Como dejar a tea con un nuevo niño por venir? No podía. Sabía que Gillian terminaría entendiendo, después de todo, ella también era madre y comprendería que no podía abandonar a Tea en ese momento. Pero con seguridad Gillian lo dejaría, y eso sería algo difícil a lo que acostumbrarse.
- ¿Qué te parece si nos vamos de viaje por un tiempo? – le propuso a su esposa deshaciendo el abrazo. David necesitaba salir de la ciudad, desaparecer unos días con su familia, para al menos intentar alejar los pensamientos sobre Gillian.
- ¿Viajar a dónde? – le pregunto ella con entusiasmo.
- No lo sé. Tal vez podríamos ir a París unas semanas a visitar a mi padre, hace tiempo que no ve a West. Sé que se alegraría, además, podríamos aprovechar para darle personalmente la noticia – dijo acariciando el vientre de su esposa. Ella sonrió.
- Me encantaría. Hace mucho que no vemos a Amram ¿Cuándo nos vamos? -
- Mañana podría ser. Ya no tengo nada que hacer ¿Te parece bien? – le preguntó pasándole un mechón de pelo detrás de la oreja.
- Si, si, me parece perfecto – asintió Tea sonriendo.
- Bien, voy a llamarle diciéndole que mañana saldremos para allá – dijo él dándole un corto beso en los labios a su esposa.
- Yo llamaré para separar los pasajes – le indicó Tea animada, y David subió las escaleras.
Ya en su cuarto, cogió el teléfono y marcó el número de su padre.
- Diga – respondió Amram al otro lado de la línea.
- Papá, es David. ¿Cómo te va? –
- Bien hijo. ¿Qué sucede? – Su padre pareció sorprendido por escucharlo, y con razón, ya que David hacía mucho que no lo llamaba para saludar.
- Nada, nada. Sólo que estábamos pensando viajar a París con West y quería saber si estarás allá –
- ¿Cuándo vienen? –
- Deberíamos estar ahí pasado mañana. Tea está reservando los pasajes –
- Sí, estaré aquí –
- ¿Qué tal te va por allá papá? -
- Bien, bien. Al fin me decidí a escribir mi primera novela –
- Eso es genial, papá – Exclamó David poco animado.
- ¿Está todo bien hijo? – le preguntó preocupado su padre al sentirlo menos elocuente de lo normal.
- Si, sólo algo cansado. Estuve en el set hoy día – respondió David con la cabeza gacha mirando hacia sus zapatos.
- Ya veo ¿Cómo está Gillian? Hace mucho que no me cuentas de ella - Escuchar su nombre fue duro para David. No era ningún secreto para él que su padre apreciaba mucho a Gillian; Incluso una vez le confesó que creía que era ella con quien se casaría, y se sorprendió cuando se comprometió con Tea.
- Casi no pudimos hablar, sólo la vi un momento, estaban en plena grabación –
- Mándale mis saludos cuando la veas –
- Lo haré. Será mejor que cuelgue papá, hablamos mañana –
- Nos vemos hijo -
Cortó la señal y se quedó con el auricular en la mano por unos minutos, dudando en si devolverle la llamada a Gillian o no. Al final decidió no hacerlo, esta noticia debía decírselo persona, era lo mínimo que ella se merecía. Pero antes necesitaba un tiempo para procesarlo el mismo. Era consciente de lo que esta noticia significaría para ambos.
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Sabía que aún no debía llamarlo, que lo mejor era dar media vuelta e ir a casa, pero no lo hizo. Por el contrario, sacó su celular, marcó el número que se sabía de memoria, y esperó pacientemente a que él le respondiera, sin embargo, cuando escuchó la voz metálica de la mujer al otro lado de la línea, desistió. Si no contestaba, era porque no podía, pero el sólo hecho de pensar que él podía estar besando y tocando a Tea la enfermaba - ¡No pienses en eso! – se reprendió. Luego agarró el saco que había dejado colgado en el perchero, se colocó la gorra y salió del apartamento.
Durante las siguientes semanas no tuvo ninguna noticia de David, por lo que supo que no se había atrevido a hacer lo que le prometió. Si lo hubiera hecho, ella ya lo sabría. Ella nunca le exigió que dejara a Tea, fue él quien se lo dijo, cansado de las discusiones que tenía con su esposa, por lo que no entendía por qué no podía dar la cara como las otras veces y decirle que no había sido capaz de dejarla. Esta vez debía de haber pasado algo más grave que el miedo que siempre lo detenía; sin embargo, cualquiera fuera la razón, no justificaba que la hubiera dejado de lado de esta manera.
Sintió el vibrador de su celular y al ver el número en la pantalla, dudó en contestar; dejó que la operadora se hiciera cargo por una vez, pero siguió timbrando, asi que decidió contestarle.
- Hasta que te dignas a dar señales de vida – lo saludó visiblemente enojada.
- Necesito hablar contigo – le contestó él con un tono que expresaba tristeza y cargo de consciencia.
- No puedo –
- Por favor Gillian. Sé que te debo una explicación y por eso necesito hablar contigo. En serio – le suplicó, y ella se dio cuenta que él realmente estaba arrepentido.
- Hoy no puedo, pero te veo mañana en la noche –contestó ella fríamente y le colgó sin darle tiempo a decir otra cosa.
Las ganas de verlo eran enormes, pero no podía correr a su lado cada vez que él quería. Alguien tocó la puerta del tráiler.
- Gillian ¡Estamos listos! – gritó Kim.
- Voy enseguida – respondió ella. Se paró delante del espejo, arregló su cabello y maquillaje, y salió a grabar.
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Cuando entró al apartamento, lo encontró sentado al borde de la cama con un vaso de whisky en la mano.
- Hay uno para ti sobre la mesa – le indicó David sin alzar la cabeza. Ella se quitó el sobretodo, y luego de colgarlo en el perchero, caminó hasta la mesa y bebió un trago de su vaso, mientras observaba a David, esperando el momento en que empezara a hablar.
- No lo hiciste, ¿No es así? – le preguntó ella cansada del silencio. Él negó débilmente con la cabeza – Debí de suponerlo – Respondió Gillian con sarcasmo dándole la espalda, y tomando otro sorbo de su trago.
- Está embarazada – David le soltó la noticia sin rodeos y ella volteó a mirarlo de inmediato.
- ¿Qué? – Exclamó sorprendida mientras lo veía levantarse y caminar con pasos de plomo hacia ella.
- Tiene un mes de embarazo – Continuó David, atreviéndose a verla a los ojos por primera vez en la noche. Ella no hizo ninguna réplica, pero el dolor en su mirada era evidente - Se que está demás que te lo diga ahora, pero necesito que sepas que esa noche llegué a casa dispuesto a hacerlo – Gillian asintió, creyéndole - La encontré en la sala esperándome, y me lo dijo – Calló por un instante e intentó tocar sus hombros, pero ella lo rechazó caminando hacia otro lado de la habitación - No pude hacerlo, Gillian. No pude – dijo él casi gritando con desesperación – Luego que me contó lo del bebé no tuve el corazón para decirle que la dejaba -
- Te entiendo, David– Fue lo único que pudo decirle Gillian dadas las circunstancias – Entiendo que no hayas podido hacerlo, y no te estoy pidiendo que lo hagas… Nunca lo he hecho – enfatizó.
- Lo sé… -
- Pero… - siguió ella, mordiéndose el labio inferior, y él entendió lo que intentaba decirle.
- Gillian…- susurró negando con la cabeza.
- Sabes que tiene que ser así. Ese niño merece que lo intentes – Él avanzó unos pasos hacia ella.
- No quería que fuera así – Volvió a susurrarle con la voz ahogada por las ganas que sentía de llorar y la abrazó.
- Yo tampoco…– le confesó Gillian y se besaron despacio para después separarse sin decirse ni una palabra.
Ella caminó hasta el perchero, cogió su sobretodo y salió del departamento bajo la mirada de David. No se iban a engañar, este rompimiento no significaba que no volverían a dormir juntos; en algún momento alguno de los dos caería ante la tentación, arrastrando al otro consigo, pero este era el fin de su relación.
***
Continuará…
- Ubicación:Sala de estar
- ánimo:
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